CAPÍTULO 7

MARCO

Yo soy el hijo pequeño e inesperado de Lily. Al parecer no figuro mucho en esta historia, pero mis ojos ven la vida entre flores desde una perspectiva poco usual. Si me preguntaran directamente que opino de las flores, pues no es que no me gusten, pero en cuanto pude huir a Canadá, lo hice. En verdad mi madre, mis tíos y mi hermana, vivían de las flores y para las flores.Amaranta, mi querida hermana mayor, lleva casi 16 años. Cuando ella fue madre, yo apenas tenía 8, por lo que considero más hermano a Diego Alexander mi sobrino que a Ami. No es que no la quiera como hermana, pero su vida fue complicada cuando yo estaba en edad de ser niño juguetón y divertirme. Yo fui su hermanito incómodo, pues entrar a su habitación a jugar en su restirador mientras me sentía un arquitecto importante, claro le eché a perder algunos trabajos y eso me costó regaños y castigos. Mi consentida sobre todas las cosas era mi tía Hortensia, ella nunca se olvidaba de mí. Siempre estaba resolviendo como mantenerme ocupado cuando estaban saturadas de trabajo los fines de semana. Yo era el único loco que no tenía nada que hacer ahí, a mi no me gustaba, y por más que me insistían que acompañara a mi tío Sebastián a repartir los arreglos, yo prefería quedarme en casa jugando con mis carritos o con los videojuegos. Sí, en algunos veranos me vi forzado a trabajar en la florería, pero lo mejor fue cuando mi tío Sebastián me invitó a trabajar en su casa de materiales. Me encantaba ver las ollas de cemento y acompañarlo a las obras a los colados, el disfrutaba ver crecer los edificios, y a mi el funcionamiento de las grúas y las ollas.Pasó el tiempo, y el tema de la aviación en Querétaro se puso de moda con el aeropuerto y los parques industriales enfocados en la aeronáutica, llegaron varias empresas transnacionales que tenían todo que ver con aviación. Así que mi cerebro comenzó a maquinar sueños, ingeniería aeronáutica sería mi profesión. Mis padres estuvieron de acuerdo, y terminando mi carrera me fui a Canadá a estudiar. Y hubo un desfile de visitantes, entre ellos Diego Alexander estuvo conmigo unas vacaciones, él tenía unos 16 años y yo tenía 24. Si era como mi hermano pequeño, y aunque él fue mi compañero de juegos, entre las pistas de coches, los videojuegos y el fútbol. Pero Diego tenía un carisma especial y un talento visionario nato. El era negociador, le gustaban los trueques, desde niños me cambiaba juguetes por estampas o videojuegos. Y aquel verano me di cuenta que su visión en el negocio de mi mamá y mi hermana, era grande. En Quebec, me hizo pararme en cada florería que se topaba. Entraba, observaba el mobiliario, los arreglos, si podía tomaba algunas fotografías y yo me moría de la vergüenza. Sin embargo, él no se limitaba, en su escaso francés y su peculiar inglés, se daba a entender con las personas y les explicaba que él también tenía una florería, les enseñaba fotos desde su celular. Y luego, hicimos una parada en una florería muy bonita,”Boutique Du Fleuriste”. Y lo atendía una chica preciosa, Simonella. Ese día me enamoré perdidamente de ella y su florería, era un local típico de la ciudad, con su ventanal y su puerta de acceso, algunas mesas metálicas con acabado en madera y flores por todos lados. Hablé con ella por horas, mientras le explicaba que Alexander era mi sobrino y estaba buscando inspiración para una nueva sucursal, que éramos mexicanos, de la ciudad de Querétaro. Terminamos tomando un café con ella frente a su florería, Alex se sintió fuera de lugar y se adelantó al departamento, no muy lejos de ahí, y yo llegué un par de horas más tarde. Conseguí el teléfono de Simonella. “Me persiguen las flores”, pensé, pero creí que mi madre se volvería loca al enterarse que estaba saliendo con una florista, no volví a ver a Simonella. La fui a buscar varias veces a la florería, pero la señora que estaba ahí me dijo que ya no trabajaba ahí. Mi estado de ánimo estaba por los suelos. Simonella se había convertido en mi razón de existir. No fui muy noviero, creo que era algo antipático con el tema “romance” y sabiamente mi papá un día me dijo: “Ya llegará la mujer que te robe el sueño”. Y no se equivocó. Alexander volvió a México y al poco tiempo regresé yo. En el aeropuerto, después de documentar mis maletas, me topé con Simonella.—Hola — Le dije sonriendo como bobo, me imagino que me veía como bobo, ella estaba seria, me saludó con poca efusividad — Te fui a buscar varias veces a la florería, pero no pude localizarte. —Mis padres murieron en un accidente en carretera, tuve que volver a Toronto a resolver varios asuntos. Pero ya estoy de vuelta. — Y comenzó a llorar. —Simonella, no llores por favor. Se lanzó a mi brazos. En aquel momento no supe qué más hacer. Ella estaba bajando del avión, y yo estaba por subirme. ¿Por qué la vida me estaba poniendo esa prueba tan compleja?—Tengo tiempo para un café. —¿Te vas a México?— Asentí con la cabeza. Pero estaba seguro que no sería la última vez que la vería. Nos fuimos a un pub dentro del aeropuerto, me contó del accidente de sus padres, que ella era hija única y que sus padres le habían dejado la casa, pero que ella no deseaba quedarse a vivir en Toronto y pensaba venderla. —¿Seguirás trabajando en la florería? —No, tuve que renunciar. Solo estoy aquí porque quiero recoger mis cosas y entregar el departamento. Iré a Toronto a vender la casa y luego, pensaré donde establecerse.—Puedes venir a México si quieres. Te puedo conseguir trabajo de florista. Ella rió, sus mejillas se pusieron rojas y sus ojos brillaron. Sabía que era una loca idea, pero fue lo que se me ocurrió en el momento. Me dio su número de celular y yo el mío. —No te pierdas otra vez. Yo debo presentarme a algunas entrevistas de trabajo, pero si quieres venir a verme eres bienvenida. —Gracias chico guapo, lo tendré en cuenta. Regresé feliz a casa, fue una buena jugada del destino haberla visto antes de volver a México. Creí que jamás me toparía de nuevo con ella. Estuvimos mandándonos mensajes por varias semanas, yo estuve en una racha compleja buscando trabajo en las principales empresas de aeronáutica, la mayoría francesas y canadienses. Pero las cosas estaban algo alocadas en mi familia. Amaranta se casaba con Franco, su novio serio y formal. Con el único que realmente la había visto dispuesta a sentar cabeza. En los preparativos de la boda, se me ocurrió preguntarle a Simonella si quería venir como mi acompañante, y así entre broma y broma me dijo que no, que le daba vergüenza llegar solo así, sin conocer a mi familia ni nada. Después de la boda, me llamaron de Brose, para ofrecerme un puesto en la compañía y me enviaron tres meses de capacitación a Ontario, Canadá. En ese momento, llamé a Simonella para darle la noticia. Emocionado, le conté a mi papá y a Alexander, que estaban en el patio tomando una bebida refrescante. —Me voy a Canadá, me dieron el trabajo de Brose.—Wow, y déjame adivinar, Simonella ya está enterada.—¿Cómo lo sabes?—le reproché a Alex que me miraba con picardía.Papá me dijo que me tomara las cosas con calma, como si él se hubiera tomado las cosas con calma con mi madre. —¿En serio? ¿Me lo dices tú que le pediste matrimonio como a los tres meses de conocerse?—Nos veíamos todos los días, y tú, solo te mandas mensajitos por el chat. Alexander comenzó a reír pero a mi no me causaba gracia. En verdad estaba interesado en tener una relación con Simonella. Ella era uno o dos años más joven que yo, yo casi cumplía 25 y ella 23. Ella estaba sola, daba lo mismo si vivía en Canadá o en México, y yo estaba por entrar a una empresa con la opción de trabajar en Canadá en algún momento, así que yo debía hablar con Simonelle y proponerle algo. No estaba seguro si matrimonio, pero ella podría venir conmigo un tiempo. —¿Y vivirán aquí con los abuelos? — Me dijo el tarado de Diego Alexander con tono burlón. Odiaba que tuviera razón. Luego, recordé que Amaranta tenía su departamento, estaba bien ubicado, en excelentes condiciones y nadie lo estaba usando, incluso seguía amueblado. —Réntame tu departamento. — Le dije en tono suplicante.—Sí. —Te prometo que lo voy a cuidar. Es más, no tocaré nada. —Sí—¿En serio?—Sí Marco, sí. Es tuyo, te lo rento solo en lo que Alex termina sus estudios, porque ese departamento es para él. —Sí hermana, solo es temporal en lo que encuentro mi lugar especial. —Está bien. Todo se estaba acomodando de forma perfecta, solo tenía que llegar a Toronto a buscar a la mujer de mi vida y proponerle que se viniera un tiempo a México, presentarla con mi familia, estaba segura que la adoptarían.“En esta casa todos son bienvenidos y más si necesitan una familia” Esa frase se la escuché a mi abuela decir una y otra vez, siempre que algún amigo o familiar estaba en problemas. Mi tío Eugenio y mi tía Hortensia, estaban recién mudados a Querétaro, a mi tía Horte la veía con frecuencia por la casa, visitando a mi madre, pero a mi tío, eventualmente me lo topaba saliendo de la oficina de mi papá, pero andaba un poco más amargado de lo habitual. De pronto un día ardió troya, mi tío Eugenio tenía un hijo por ahí y la tía Hortensia no podía superarlo. Yo me marché a Canadá, esperando que cada quien resolviera sus problemas, aunque la metiche de mi madre no dejaba en paz a la tía. Al llegar a Toronto, no esperaba ver a Simonella en el aeropuerto, esperándome. La abracé y aunque deseaba besarla, tuve que contenerme, ella era muy reservada, me daba pánico que se asustara y terminara yo solo sin ella, volviendo a casa.—Te extrañé mucho.—Vaya, que ha mejorado mucho tu francés. Pasé unos días en su casa, antes de partir a Ontario. Le dije todos mis planes y al final todas mis intenciones.—¿Quieres que tú y yo seamos pareja en México?—Sí—¿Y me lo pides así nada más? ¿Sin flores? ¿Sin una cita previa? ¿Sólo así?Entonces, le dije que tendríamos una cita. Renté un automóvil y me marché a Ontario, que estaba a unos doscientos kilómetros de Toronto. La siguiente semana, antes de llegar a su casa, pasé a una florería, le compré un bouquet de rosas rojas, blancas y rosas. Yo estaba cayendo en aquel espiral infinito de la floristería. Al final terminé pidiendo a la florista como quería el atado, el listón, el moño, el follaje… La llevé a cenar y dejé que todo el romance que creí que no existía en mi saliera. ¡Qué razón tenía mi papá! Durante esos tres meses, estuve yendo y viniendo a Toronto todos los fines de semana, y un par de fines de semana, ella fue a visitarme. La relación iba bien y unas semanas antes de volver a México, hablé con ella. Su casa seguía en venta, pero yo deseaba que viajara al menos unas semanas a México conmigo, para que conociera a mis padres, las florerías, que se convenciera que ella podía hacer su vida en México, conmigo… —No quiero irme contigo, al menos no todavía. Cuando la casa se venda, podríamos intentarlo. Espero que esto no te moleste.—Simonella, estoy feliz de estar a tu lado, pero quiero saber si realmente deseas hacer esto. Si no te hace feliz venir a vivir conmigo a México, entonces buscaremos otra opción, pero yo solo quiero que tú estés contenta al lugar que vayas. Ella me observó con esos ojos tiernos y directos. Me tomó de la mano, y agregó:—Marco, soy feliz solo de pensar en ti y saber que podré verte todos los días, pero aún estoy viviendo un duelo, la casa no se ha vendido por dos razones, la primera, porque en el fondo no deseo venderla, y la segunda, porque si la vendo, siento que no tendré un techo donde vivir. —No la vendas si eso te hace sentir segura, puedes rentarla o simplemente venir a pasar algunas temporadas a Toronto. —Entonces, dame unas semanas para resolver algunos trámites y viajaré a México. Aquella tarde fue la más feliz de mi vida. Simonella estaba dispuesta a todo, a cambiar de país por mí, y yo estaba dispuesto a hacer lo mismo si era necesario. Volví a México, y en Querétaro las cosas estaban algo locas, mi madre tenía la idea de asociarse con Amaranta y Hortensia para poner otra sucursal, pero Franco mi cuñado y Amaranta ya habían invertido en un local para poner una distribuidora de flores, y mi papá, estaba proponiendo poner una escuela de floristería. Yo, como no era de mi incumbencia, decidí no meterme, pero, a las pocas semanas, cuando tuve que ir a la ciudad de México al aeropuerto a recoger a Simonella, no pude evitar comprar unas flores y unos globos para recibirla. Pasamos la noche en un hotel de la colonia Condesa, la CDMX es increíble y su vida nocturna más. Paseamos por un par de bares y nos hospedamos en un pintoresco hotelito de la colonia Roma. Al llegar a Querétaro, le presenté a mi mamá, quien estaba algo seria con el tema, (eres su bebé, me decía mi hermana), pero Simonella se portó a la altura. Mi papá, igual con actitud seria, estuvo charlando un poco más con su escaso francés con mi novia, lo que nadie sabía es que Simonella hablaba español a la perfección. Entonces, de pronto, mi hermana Amaranta, se llevó a mi novia a conocer su florería, regresaron platicando de mil y un cosas, mamá le ofreció trabajar con ella. —¿En serio mamá?—Al enemigo hay que tenerlo cerca.—Simonella no es una enemiga. —Para mi sí.Te invitamos a darnos Like en Nuestra pagina de FB e IG, para poder seguir leyendo nuestra apasionante historia, agradecemos tu apoyo para seguir creciendo y formando nuestra increíble comunidad.Da click aquí: https://www.facebook.com/LaCasaDeLasFlores.LaFloreria/Si quieres conocer nuestro catalogo floral: www.lacasadelasflores.comCon la colaboración de @patmunozescritora para La Casa De Las Flores-La FloreríaEsta historia es parte de nuestra historia por lo que cualquier parecido con hechos reales y similares están protegidos.Todos los derechos reservados, está prohibida la reproducción total o parcial de esta historia sin autorización de los autores.#lacasadelasflores#novela#queretaro#flores#floreria#floreriaenqueretaro#floresqueretaro#mividaentreflores#lilies#hortencia#margarita#arreglosflorales#rosas#enviodeflores#detalles#amor#drama#felicidad#novela#drama#historiasbonitas